2

El destino: ¿existe o no?

La caída del hombre no fue un evento predeterminado en el que Adán y Eva fueron víctimas indefensas de un Dios titiritero. Por el contrario, el hombre y su esposa tuvieron la posibilidad de elegir la obediencia (con su bendición operadora) o desobediencia (con su consiguiente maldición). Ellos sabían cuál iba a ser el resultado de su decisión, y fueron responsables. La Biblia enseña que el hombre fue creado con la capacidad de tomar decisiones morales y que él es el responsable de esas decisiones.

A menudo, cuando la Biblia habla del destino, es en referencia a un destino que las personas han traído sobre sí mismas.

Cuando un hombre se arruina tontamente su vida, sin embargo, puede insistir en culpar a Dios, o quizás «El destino». De esta manera, él persiste en su necedad.

En resumen, la Biblia enseña que Dios está a cargo. Al mismo tiempo, nos ha dado la libertad de obedecer o desobedecer a Él, y hay algunas cosas que Dios hace sólo en respuesta a la oración.

El destino es a menudo considerado como el camino que la vida toma y el karma es uno de los factores que influyen en este curso. La gente a menudo cree que el destino es predestinado y nada se puede cambiar, ¿pero es esto realmente cierto?

«Tu destino está conformado de acuerdo a la combinación de las condiciones predeterminadas al nacer y otros factores que son capaces de cambiar a través de tus propios esfuerzos.» (Del libro: La esencia del Buda).

Los factores que forman el destino de una persona

Tomar propias decisiones

El destino de una persona se decide por una compleja combinación de condiciones y factores. Algunos de ellos ya se deciden en el momento del nacimiento de una persona y algunos de ellos entran en juego más tarde y forman el curso posterior. Hay cinco factores que forman nuestra suerte o el destino:

1. Las tendencias de nuestra alma, también conocido como el karma

2. Familia

3. Clima Social

4. Nuestros propios esfuerzos y la autodisciplina

5. Influencia de otras personas

Entre los factores que dan forma a nuestro destino, algunos de ellos se asentaron y otros no. Esto significa que tenemos un cierto margen para cambiar nuestra suerte o el destino de nuestros propios esfuerzos. El entorno familiar y el clima social son elementos que deben ser llamados el «destino que se decide» antes de nacer; sin embargo, hay un gran secreto que participa en esto. Es decir, antes de cada reencarnación trazamos un plan para nuestra formación espiritual y estamos de acuerdo antes de nacer. Sin embargo, tan pronto como nacemos en este mundo, nos olvidamos de ella. Conociendo esta verdad, podemos clasificar los factores que forman nuestro destino en otra forma:

(A) El plan que se elabore antes de la reencarnación

(B) Los esfuerzos desde que llegamos a la tierra

(C) Las influencias espirituales

La libertad de elección moldea nuestro destino

El factor más importante que da forma a nuestro destino son, de hecho, las decisiones que tomamos en los puntos de inflexión en nuestras vidas. Nuestra vida es creada por los resultados de las elecciones que nosotros mismos hicimos de acuerdo con las tendencias de nuestra propia mente cada vez que se encontró con un evento específico. Se puede, pues, decir que no es otro que la libertad de elección, que es el factor más importante en la conformación de suerte o destino de una persona.

Karma como tendencia del alma

Concepto de destino

Las tendencias del alma es cómo reaccionamos en ciertos eventos o cómo nos consideramos y consideremos las cosas, que se conocen como karma. La filosofía budista tradicional explica el karma como «destino» del que no se puede escapar. Sin embargo, el karma es simplemente un conjunto de hábitos del alma, nuestra tendencia a llegar a ciertos pensamientos o tomar ciertas acciones en un determinado conjunto de circunstancias. El karma no conduce a pensamientos fatalistas y es simplemente un factor en la formación de nuestra suerte o destino.

El principio de la aceptación de la responsabilidad

La existencia de un reino conocido como el infierno en el mundo de los espíritus demuestra que el destino de una persona no está 100% resuelto. Esencialmente, nadie nace en la planificación de la tierra para ir al infierno pero, sin embargo, más de la mitad de la gente hoy en día va al infierno cuando muere. En otras palabras, las personas son responsables de su propio destino, y yendo al infierno están asumiendo la responsabilidad por los resultados de sus propias decisiones equivocadas. Este es «el principio de la aceptación de la responsabilidad», siempre hay una causa para todo, y esa causa se crea siempre por nosotros mismos.

El destino todo el tiempo es conquistado

El comienzo relacionado a la creación del propio destino consiste en abandonar la postura cobarde de culpar a otras personas o el medio ambiente de la infelicidad en la que te hallas. Has de adoptar la posición de que todo depende de tu responsabilidad.

A la vez, es significativo transformar el estado de la mente, reflexionar sobre las tendencias del alma y de este modo liberarse de cometer los mismos errores una vez más.

Las personas cuya fortuna va a cambiar son aquellas que se observan a sí mismas así como a los demás con una mente inquisitiva, que analizan minuciosamente los hábitos, fortalezas, debilidades y tendencias, e inclusive que continuamente se esfuerzan por cambiar ellas mismas y desechar lo dictado.

En este programa de TV debaten acerca del destino y su posible existencia, derribando varios mitos que incluyen la astrología, horóscopo y tarot:

Las coincidencias suceden, eso resulta cierto. Decir que la existencia de toda persona se encuentra destinada resulta una excusa elaborada por seres humanos. Los seres humanos no quieren pensar que son plenamente culpables de sus propias vidas y cada decisión que toman. En el momento en que un sector intenta conectar el destino a la libre elección, aparece un malestar profundo en sus interiores. E incluso para tratar de creer algo tan difícil, las personas sólo quieren asentir lo que se encuentra en consonancia con las creencias.

El libre albedrío significa que estamos en control de nuestras acciones y tenemos la capacidad de determinar el futuro a través de las circunstancias que se nos presentan. El destino resulta cuando nuestras decisiones no son las nuestras, sino predeterminadas para nosotros por alguna fuerza externa. La lógica sostiene que si Dios resulta omnisciente, entonces Dios conoce cada movimiento que tomaremos e incluso de qué manera va a reaccionar en cualquier situación dada. En cambio, si Dios se encuentra en control del destino, por lo tanto carecemos de libre albedrío, así como todo concepto como pecado o salvación serían falsas construcciones inventadas por la mente humana.

Si en verdad el destino existiera, cada acción o decisión que tomaras ya habría sido decidida previamente por Dios u otro ser, e incluso la vida podría ser un simple espectáculo de marionetas sin posibilidad de cambiar nada. Por el contrario, si Dios no es omnisciente todavía tenemos la capacidad de libre albedrío.

Conclusiones acerca del destino

Por qué aventurarse a afirmar que el destino no existe:

Resulta científicamente improbable: ¿Qué expresaría Stephen Hawking si le preguntásemos acerca de la existencia del destino? Pensar que alguien o una cosa escribió tu destino hace 5 mil años, una eternidad o 30 segundos antes de que llegaras a este mundo es tan lógico como sostener que Dios creó el universo en 7 días o que en el centro de este planeta se halla Budha meditando. Esto evidentemente es imposible, toda persona que se disponga a razonarlo caerá en la cuenta en menos de 10 minutos de que es imposible bajo todo concepto.

Es una alternativa sencillista: pensar que naciste para ser una estrella, famoso o alguien que hará la diferencia y hagas lo que hagas terminarás siéndolo resulta una opción muy fácil. Sí, nadie quiere hacerse la vida complicada, pero en esta clase de circunstancias no favorece en nada pensarlo. Eres capaz de decírselo a todo el planeta, eres capaz de tenerlo planeado e incluso todo lo que desees, sin embargo si no te esfuerzas por ello lo más factible puede ser que no lo seas nunca, ya que si existiera un destino no tendría sentido trabajar por nada.

Es injusto: que estuvieras destinado sin una diferente opción para tu vida. Injusto para ti y para los demás. En el caso de que no seas una persona muy capacitada ni con todas las luces, y el destino te marca que serás presidente de tu país, entonces no habría nada que pudiera evitarlo, ni siquiera tus competidores mejor capacitados. Además esta injusticia se expresaría en que al poseer tu destino marcado, te cortarían el libre albedrío.

En este caso podemos afirmar que si tú quisieras ser deportista, bailarín, doctor, ingeniero u otra profesión, y tu destino te marca que serás comerciante, entonces finalmente lo serás hagas lo que hagas.

Resultaría desesperanzador y decepcionante: imagínate, millones de niños muertos en el África por diversas causas, ¿era ese acaso el destino asignado a esos niños? ¿Nacer sólo con el fin de sufrir y luego morir en pocos años?

Pensar que alguien tan poderoso pudiese estar marcando y anticipándose a acontecimientos resulta malvado e incluso un pensamiento espantoso. Si fuera así, seguramente mucha gente caería en la demencia debido a que el sólo hecho de conocer que existe un Dios tan maléfico y malvado implica bastante problema.

Finalizando, si bien todo lo mencionado anteriormente no sucede y es imposible demostrar la existencia del destino, también deberíamos estar agradecidos por el hecho de que tenemos una oportunidad con el fin de demostrar para qué estamos preparados y qué somos capaces de hacer. E incluso sobretodo poseemos la certeza de que nada resulta fiable y que todo se encuentra sujeto a modificaciones. Y esas modificaciones sólo dependen del ser humano. De nadie más.

2 Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *